
Asomado a mi ventana
observo la luna mirandome,
me ve en mi soledad
y la escucho llamandome.
Intenta darme consuelo
y con su luz seca mis lagrimas,
pero a ella la siento muy cerca
y esta igual que tú de lejos.
Dime, Luna, que puedo hacer
sentarme a esperar muriendo,
o intentar hacerla feliz,
pues enséñame como hacerlo.
Qué piensa el moribundo
cuando la vida se le vá,
exactamente lo mismo que siento yo
ahora que ella ya no está.
Este dolor es el precio
de haber conocido el verdadero amor,
el más alegre y el más amargo,
a mi, llegó en su día y me sorprendió.
Dime por qué no esta aquí,
por qué sufrimos tanto,
por qué tanto dolor,
si tanto nos amamos.
Ayúdame a ser fuerte
quiero velar por el amor,
y deseo entregarla todo lo que tengo,
hasta los minutos de mi corazón.
La amo tanto
que por ella daría mi vida,
hasta que se me agote la sangre
por ella y por su sonrisa.
Mi tren ya parte
como otros tantos ya,
me lleva a la estación del olvido
sin remedio, no mires atrás.
Antes de irme
dejame ver tu alma,
no dejes de sonreirme
pues es mi paz y mi calma.
Hasta siempre, mi pequeña,
siempre lo fuiste y por siempre lo serás,
mi alma te echa mucho en falta
y mi corazón llorá porque no volverás.
Jamás podré amar a nadie
como te he podido amar a ti,
nunca te olvidaré, mi princesa,
te lo prometo, no me olvidaré de ti.
observo la luna mirandome,
me ve en mi soledad
y la escucho llamandome.
Intenta darme consuelo
y con su luz seca mis lagrimas,
pero a ella la siento muy cerca
y esta igual que tú de lejos.
Dime, Luna, que puedo hacer
sentarme a esperar muriendo,
o intentar hacerla feliz,
pues enséñame como hacerlo.
Qué piensa el moribundo
cuando la vida se le vá,
exactamente lo mismo que siento yo
ahora que ella ya no está.
Este dolor es el precio
de haber conocido el verdadero amor,
el más alegre y el más amargo,
a mi, llegó en su día y me sorprendió.
Dime por qué no esta aquí,
por qué sufrimos tanto,
por qué tanto dolor,
si tanto nos amamos.
Ayúdame a ser fuerte
quiero velar por el amor,
y deseo entregarla todo lo que tengo,
hasta los minutos de mi corazón.
La amo tanto
que por ella daría mi vida,
hasta que se me agote la sangre
por ella y por su sonrisa.
Mi tren ya parte
como otros tantos ya,
me lleva a la estación del olvido
sin remedio, no mires atrás.
Antes de irme
dejame ver tu alma,
no dejes de sonreirme
pues es mi paz y mi calma.
Hasta siempre, mi pequeña,
siempre lo fuiste y por siempre lo serás,
mi alma te echa mucho en falta
y mi corazón llorá porque no volverás.
Jamás podré amar a nadie
como te he podido amar a ti,
nunca te olvidaré, mi princesa,
te lo prometo, no me olvidaré de ti.

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